Inicio Categorías Ayuda Carrito

Deja la puerta entreabierta

“Deja la puerta entreabierta, me dijo él por teléfono, y, como siempre, le obedecí.”

Silencio.

Oscuridad.

Calma.

Aguardo a mi amo, inmersa en la calma que sé que precede a la tormenta.

Con los ojos cerrados, desnuda, con el pecho inclinado sobre el brazo del sofá de mi salón y mis nalgas desprotegidas y expectantes frente a la puerta.        

– Deja la puerta entreabierta, me dijo él por teléfono, y, como siempre, le obedecí.

Llevaba unos minutos esperando, pensando en que pudiera aparecer algún vecino por el rellano, ver la puerta abierta, entrar… y eso me excitaba.

Es fácil obedecer a un amo que ha entrado despacio en tu mente

Él ha revuelto sus rincones mas oscuros y que ha aprendido como ordenarte las cosas que en realidad deseas, que siempre has deseado y ni tú misma te atrevías a sacar de esos rincones.

Notaba la humedad entre mis piernas crecer y comenzar a desbordarse pensando en ello, en que me observaran, quizá en ese preciso momento. Y sin casi pretenderlo arqueé la cintura, abrí mis piernas ligeramente y noté como la cola del plug que llevaba puesto, de pelo blanco, suave y brillante acariciaba mis muslos y los labios de mi sexo.

Me encorvé un poco más, ofreciendo mi trasero, y entonces escuche la puerta abrirse, despacio, y cerrarse a continuación con un ruido seco.

Unos pasos familiares que se acercaban.

Silencio.

Una mano en mi cuello, apretando lo justo para decirme — Soy yo, estoy aquí, buena chica — y una caricia después que bajó por mi espalda, recorriendo sinuosa las curvas entre mis lunares y las marcas que dejaron sesiones anteriores.

Le imaginaba observándome, como quien observa un tesoro, como un niño abriendo un regalo en navidad, pasando la mano por cada señal en mi cuerpo que delataba su propiedad.

Me gustaba tanto ser suya, abandonarme, confiar, saltar al vacío de los pecados que siempre me había negado a mi misma, sabiendo que siempre caería en sus brazos fuertes, que siempre hallaría allí el refugio después de la tormenta.

Pero en ese momento mi cuerpo deseaba tormenta, huracanes, tifones. Mi culo palpitaba y el me sacó el plug de metal de él y me hizo erguirme de pie frente al sofá. Se acercó a mi pelo, me olió, me siguió oliendo en el cuello, en los labios, entre los pechos, recorrió mi vientre, oliéndome, lamiéndome, se acercó a mi sexo y me encantó escuchar un pequeño gemido entre sus labios cuando le note oliendo mi entrepierna, apretando mis muslos, lamiendo todos los recovecos, todos los secretos.

Note su agitación y un mordisco fuerte en la nalga, otro aún mas fuerte que el anterior. Bien, más marcas para la colección, más recuerdos para sentir que soy suya, aun cuando él no está.

Para saber que, en el fondo, también es mío y no puede prescindir de lo que le doy.

Tan suya, tan mío, que me abandono. Le dejo hacer, noto una cachetada caliente en el culo, y otra, y otra más después, noto como se excita, y entonces me dice – Abre los ojos –

Mi amo me mira dulce y tierno, pícaro, como un niño al que acaban de sorprender robando galletas, con las manos aún dentro del tarro.

Me besa en la boca, y sus manos vuelven a entrar a robar, primero un dedo, curioso, después dos, explorando todos los huecos, descubriendo todos los secretos.

Me agacho, me someto, y recibo en mi boca su sexo, lo lamo, lo beso, mientras me agarra fuerte del cabello.

Dejó a un lado su ropa, dejó a un lado sus modales de caballero. Como un animal me mordía en el cuello mientras entraba y salía de mí con toda la fuerza que podía, en esa mezcla de placer y dolor que me dejaba sin aliento.

A la deriva en la tormenta perdí la noción del tiempo, solo recuerdo despertar en la isla de su pecho, segura, tranquila…

En silencio.

                             

¿Te gusto el relato?

Quizá, sin saberlo, te atraigan otros sabores de la heladería. Si sólo pides helado de vainilla cuando vas a una heladería debes de saber que existen un sinfín de siropes, toppings y mezclas imposibles que probar, [email protected] o en compañía.

Quizá te atraiga algo el mundo BDSM, y decimos mundo porque es algo tan amplio como el número de personas que huyen de convencionalismos, sexo soft o etiquetas que acostumbra a ponernos la sociedad.

Decimos mundo porque necesitaríamos una enciclopedia de veinte tomos para explicar los roles que se suelen dar en él, como Sumiso, Dominante, o Switch que sería la persona que puede alternar ambos roles depende de la situación o el compañ[email protected] de juegos con quien esté. Además de gente que asume el rol de little y le gusta dejarse cuidar, o brat que es un sumiso algo díscolo al que le gusta hacer rabiar a su amo.

No podríamos en una pocas líneas explicar cómo puede resultar el dolor controlado en determinadas situaciones, el spank o azotes generalmente en el trasero con látigos, floggers, varas o fustas…

El fetichismo sobre partes del cuerpo como pies, prendas de ropa, látex u olores corporales y como en el sexo primal se reconoce de forma infalible al compañero de esa forma.

Sin hablar de velas, cuerdas, jaulas de castidad y mil cosas más que, como te decimos, no podríamos contarte aquí con detalle.

– Pero si en algo hemos conseguido despertar tu curiosidad, como un buen amo, jeje… déjanos seguir guiándote.

Te esperamos con los brazos abiertos en nuestro local para charlar de todo esto, asesorarte sobre qué juguetes utilizar y sobre todo, siempre, recomendarte vivir la sexualidad de forma libre, segura y consensuada.

Ahhh.. y nuevamente, si te interesó que tratemos estos temas deja tu comentario y cuéntanos qué te gustaría que tratáramos con más detalle próximamente.

Besitos!!

Mas textos y relatos en Facebook: Selenita en Alejandría

2 comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

  1. Me encanta como describe el sexo comparándolo con los sabores de la heladería. ¡Me apunto a probarlos todos!